Tuesday, November 26, 2013

El día que desempleamos a Dios 2 (El polvo de sus pies)


Entonces.... ya se dieron cuenta en el último blog (si no lo has leído, búscalo antes de hacer esta lectura) que la educación en las Escrituras de un judío era algo muy serio e importante. Sin embargo, de las tres etapas, la mayoría solo participaba de la primera, y luego continuarían la profesión de sus padres. El reducido y exclusivo grupo de aquellos que representaban lo mejor de lo mejor tenía derecho a seguir a un rabí y convertirse en sus discípulos (tamidim) siempre y cuando este le dijera las palabras "lej ajarai" o sígueme. Este era el mayor honor para un estudiante de las Escrituras porque significaba que tu rabí, aquel que habías escogido para seguir; creía en tí, creía que tenías lo que se necesitaba para llenar sus zapatos. Algún día el discípulo sería también un rabí.
Ahora bien, Jesús no era un desempleado en su época. Su profesión era artesano (teknón en griego). Esto podía significar carpintero, pero también albañil, picador de piedras, agricultor, etc. Sin embargo, Jesús debe haber pasado por estas etapas de educación, por una razón bien sencilla: a los 30 años era un rabí. ¿Recuerdan? A los doce años, dice Lucas, que estaba en el Templo discutiendo acerca de las Escrituras con los doctores de la Ley. Él fue (en su humanidad) un estudiante de las Escrituras, y de los mejores (¡o el mejor!!!). Sin embargo, es probable que por la muerte prematura de su padre, como hermano mayor, haya tenido que hacerse cargo de su familia trabajando como artesano; pero a los 30 años retoma su proceso y se convierte en un rabino. Los rabinos predicaban y esperaban que los estudiantes, muchachos de entre 15 a 18 años, se acercaran para ser sus discípulos (Bet Midrash, ¿recuerdan?). Sin embargo este rabí era distinto. Verán, Jesús era un rabino muy ambicioso, ¿sus pretenciones? Cambiar el mundo... ¿A quién reclutarías para cambiar el mundo? ¿Artistas famosos, científicos importantes, escritores exitosos? Probablemente... pero este maestro está buscando discípulos en el Mar de Galilea. (Marcos1) ¿Y cómo es eso? Los pescadores eran parte de los "loosers", de los "dropeaos", de los "colgaos". No era el tipo de personas que buscarías para cambiar el mundo. Eso no es lo único, estos muchachos eran jóvenes entre 15 y 20 años, (a diferencia de como nos presenta Hollywood los discípulos, como viejos "joroba'os") y eran parte de los que no habían merecido el derecho a seguir a un rabí por no ser de los mejores estudiantes. Allí estaba Jacobo y Juan pescando con su padre, porque eso era lo que les había tocado.... Llega el rabí Yeshua ben Yosef, el de Nazaret y les dice "sígueme"... ¿En serio?? ¿Sígueme? A un corillo de chamaquitos sin futuro, sin estudios, señalados por la sociedad como los "quedaos"; que no pasaron las distintas etapas; que no fueron lo mejor de lo mejor; Jesús les dice: "sígueme". Es decir: yo creo que ustedes tienen lo que se necesita para llenar mis zapatos; yo creo en ustedes; yo creo que pueden ser igual a mí...
Un día en su última cena con estos muchachos, el Evangelio de Juan menciona que Jesús les dice: "No me escogieron ustedes a mí, yo los escogí a ustedes"; y era cierto. Ellos no escogieron seguir a este rabí, de hecho aunque hubiesen querido, otro rabí no los hubiese aceptado en su círculo. Jesús vio en ellos lo que nadie pudo ver, porque así es nuestro rabí Jesús...
Nuestro rabí no está desempleado, está activamente en el siglo 21 buscando gente que puede llenar sus zapatos; pero cuando este Maestro presenta sus opciones para cambiar el mundo, te aseguro que no llenan las expectativas de quienes quisieran desemplearlo... la gente religiosa, que pretenden que llenemos sus propios estándares antes que los de este rabí que, a veces pienso que por "locura divina", cree que yo... puedo llenar sus zapatos y ser como Él. ¿Llamados y escogidos? Tu rabí te ha llamado por tu nombre y te ha dicho: "lej ajarai, sígueme" porque no lo escogiste a Él, Él te escogió a tí, porque vió en tí lo que nadie pudo ver...
El Rabí está llamando gente que quieran ser como Él, y soñar con Él que podemos cambiar el mundo. Ese es su empleo, y quiere que sea el tuyo... 
Cuando un discípulo seguía de cerca a su maestro en las calles polvorientas de Israel, el polvo que sus pies levantaba los cubría. Cuando llegaban a los lugares la gente sabía que habían seguido a su maestro porque estaban llenos del polvo de sus pies. Este era el más grande honor. De ahí surge aquella bendición antigüa: "Que puedas seguir a tu rabí, y que seas cubierto del povo de sus pies..."
Que hoy la gente sepa que tú y yo seguimos a nuestro rabí, aunque no pertenecíamos al círculo exclusivo que tenía derecho a seguirlo, porque Él nos escogió a nosotr@s...

Que seas hoy cubierto del polvo de los pies de tu rabí Jesús...

Sunday, November 24, 2013

El día que desempleamos a Dios...


¡No puede estar triste un corazón que tiene a Cristo... no puede estar triste un corazón que tiene a Dios!! ¿Alguien recuerda ese corito? Gracias al Cielo que ya casi no se escucha en nuestras iglesias, pero que mucho lo cantábamos; y ¡qué clase de "paquete" tan grande!! Imagínate, si un corazón que tiene a Cristo no puede estar triste, sinceramente, yo estoy descartado, y probablemente casi todos y todas quienes leen este blog. ¡Por Dios! ¿podía alguien inventarse un coro más enajenado de la realidad? Ni siquiera voy a comenzar a enumerar todos los textos bíblicos que contradicen esto, pero permítanme solo mencionar la gran tristeza del propio Jesús ante la inminente cruz en el Getsemaní, sudando gotas de sangre; y su propio clamor mientras agonizaba: "Dios mío, Dios mío, porqué me has desamparado". Pablo, el cuarto bate, habla bastante en sus cartas sobre las tristezas que tuvo que enfrentar debido al ministerio; sin olvidar a grandes "hombres de Dios" que desearon morirse en un momento, como Jonás, Job, Jeremías y el propio Pablo, por mencionar algunos. Pero, y que me dicen de Jesús que comienza el "Sermón del Monte" diciendo: Felices los que hoy lloran, porque serán consolados"... Lo peor de todo es que es el propio Jesús quien llama al Espíritu de Dios que ha venido a morar en nuestra vida: el Consolador... Que me perdonen todos aquellos y aquellas que se "gozaban" estos coritos, pero si no llega la tristeza a nuestra vida como parte de nuestra humanidad, entonces hemos dejado al Espíritu "sin empleo", porque su obra es consolar. Peor aún que esto es, cuando en el nombre de Dios y del Evangelio, hemos pretendido "desemplear" (espero que comprendan a lo que me refiero con este término) a un Dios que está llamando a los seres humanos, a pesar de, y por encima de su condición, pretendiendo crear un grupo exclusivo de "escogidos" conforme a nuestro gusto. Si... en ocasiones algunas iglesias se han convertido en una élite de llamad@s y escogid@s que ha mantenido a Dios y su obra inclusiva (o sea, que incluye, que abre los brazos, que recibe) fuera de los estándares de nuestros círculos. Si el trabajo de Jesús era: quienes vinieran a él no echarlos fuera, algun@s preferirían enviarlo al desempleo porque creeen que lo pueden hacer mejor. ¿Fuerte? si, y triste por demás... Y much@s justifican su empresa citando el texto: "Muchos son los llamados, y pocos los escogidos". Pues permítanme brindar algunas pistas para comprender lo que eso quiere decir. Debe interpretarse a la luz del rabinato en el primer siglo en Palestina.
La educación judía de los varones era bastante ambiciosa en cuanto al estudio de las Escrituras. Josefo y documentos antigüos de la Mishná nos brindan una idea. La primera etapa de la educación era Bet Safer. Comenzaba aproximadamente a los 5 años. El rabino le daría una gota de miel a los niños para que la probaran y les diría: "Que las Escrituras te sean tan dulces como la miel a tu paladar". Ese día comenzaba un proceso de memorización de la Biblia hebrea. Los mejores estudiantes pasaban a la segunda etapa de la educación Bet Talmud. Aquellos que no daban el grado eran enviados a trabajar con sus padres. Lo mejor de lo mejor pasaría a la tercera etapa de la educación, esto ocurría entre los 15 años. Para ser de este exclusivo grupo tenían que haber memorizado grandes porciones escriturales, incluso libros completos y hasta la Torá (aún hoy día judíos ortodoxos llegan a memorizar la Torá entera, o sea desde Génesis hasta Deuteronomio). Esta tercera etapa se llamaba Bet Midrash, pero ya no era en la sinagoga estudiando la Biblia; ahora el estudiante tendría que buscar un rabí o maestro a quien seguir para convertirse en su discípulo. Todos los demás que no daban el grado eran enviados a continuar la profesión de sus padres. Hoy se llamarían los "dropeaos", los "colgaos", los "quedaos"... Ahora bien, no todo era felicidad para quienes llegaban a Bet Midrash. Aún no se habían graduado. Escoger un rabino no significaba que podías ser su discípulo. Tenías que seguirlo en todo, o sea, en todo. Comer como él, andar como él, hablar como él, predicar como él, en fin ser su espejo. Durante este proceso el rabí te observaría para ver si tenías lo que se necesitaba. Algún día él moriría y sus discípulos tendrían que llenar sus zapatos. De manera que un día tu maestro se viraría hacia tí y te diría una de dos: "No tienes lo que se necesita, regresa a tu casa y a la profesión de tu padre", lo cual te añadiría a la lista de la mayoría de los "dropeaos". O, te diría las palabras que todos deseaban escuchar: "Lej ajarai" que en arameo expresa: "Sígueme"... ¿Sabes hacia dónde vamos con esto? Jesús era un rabí de Israel en el primer siglo y te aseguro que aún en el siglo 21 no está desempleado...
En el próximo blog vamos a terminar esta enseñanza, y te aseguro que hará todo el sentido del mundo...

Tuesday, November 19, 2013

Puedes bajar de esa "montaña rusa espiritual"

Recuerdo aquel día y todavía me molesta... Éramos un montón de muchachos con deseo genuíno de servir a Dios; y llegábamos de un retiro que duró todo el fin de semana. Estábamos como dicen: "activa'os", "pompea'os". Llegamos el domingo en la noche al servicio de nuestra iglesia. Me sentía "en las nubes" hasta que entré por la puerta, y escuché el comentario de la diaconisa: "Llegaron los jóvenes del retiro; vamos a ver cuánto les dura esta vez..." Muy mal por ella, y por todos aquellos que de alguna manera u otra menosprecian o subestiman la juventud en nuestras iglesias. Pero, por otra parte reconozco que en ocasiones, tanto los jóvenes como los menos jóvenes, proyectan una inconsistencia en sus vidas que provoca las críticas de otras personas. De ninguna manera justifico la crítica no-constructiva, ni mucho menos el menosprecio o el dedo acusador (quienes obran así definitivamente no han conocido a Jesús de Nazaret); pero tampoco justifico nuestras "montañas rusas espirituales"... Si, un día estamos en el tope, nos "comemos los nenes crudos", sentimos que podemos conquistar el mundo; y de repente, de la nada, nos "escocotamos", estamos llenos de culpa, nos desmotivamos y ya no hay "gozo"... La vida de mucha gente en la iglesia es eso: una "montaña rusa espiritual"...
Cuando leemos las Escrituras tenemos por obligación que leer acerca del pueblo judío porque más de  2/3 partes se escriben a ellos. Podemos críticarlos, decir que eran malos, acusarlos y condenarlos; pero hay que reconocer que esa gente tenía muchas virtudes que admirar. Un ejemplo lo encontramos en el Shemá. Este era el corazón de la Ley Judía o Torá; y había que repetirlo todos los días: "Escucha Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas". (Deut. 6:4-5) Israel era una pequeñita nación rodeada de grandes naciones y poderosos imperios. Lo increíble es que eran los únicos en todo aquel mundo que afirmaban el monoteísmo, o sea la existencia de un solo Dios. Era nadar en contra de la corriente. Todos los pueblos tenían muchos dioses, y ridiculizaban a Israel por su afirmación monoteísta. Sin embargo, se mantuvieron en su postura de un solo Dios por milenios hasta el día de hoy. Claro, esa afirmación es la base del Cristianismo y del Islam, las otras religiones monoteístas, que han provocado que la idea dominante religiosa moderna sea de un solo Dios; pero en la antiguedad era tan raro como es para nosotros y nosotras hoy escuchar a alguien afirmar el politeísmo, o la creencia en varios dioses. La pregunta que surge es: ¿qué provocó esa consistencia y perseverancia de Israel en afirmar un solo Dios a pesar de las persecuciones y consecuencias que esto implicaba? Tres jóvenes amigos de Daniel ponen en peligro su vida con tal de mantener su fidelidad al único Dios, por nombrar un ejemplo. Quizás si descubrimos sus razones, nos ayude en nuestras propias "montañas rusas". La razón era bien sencilla: los judíos conocían el corazón de Dios. Yo sé que has escuchado mucho acerca de esto. Algunos hermanos y hermanas pretenden conocerlo simplemente a través de una experiencia de adoración o intimidad con Dios, y eso es muy importante, pero no suficiente. Para entender por qué, tengo que hablarles algo sobre el hebreo, el idioma original en que se escribe lo que conocemos como Antiguo Testamento. Este se lee de derecha a izquierda, a diferencia del español. Por lo tanto la primera letra de una palabra está a la derecha y la última a la izquierda. La Torá es la Ley Judía, los primeros 5 libros de nuestras Biblias,  la sección más importante de sus Escrituras. Si leemos la Torá en español la letra con la cual comienza Génesis 1:1 es la "bet" (equivalente a la B o V en español) de la palabra "bereshit" o principio. La última letra de la Torá es la "lámed" (equivalente a la L en español) de la palabra Israel que es con lo que termina Deutronomio 34. Si la leemos en hebreo de derecha a izquierda la "lamed" es la primera letra en la Torá y la "bet" es la última. Estas dos letras forman la palabra "lev" que significa corazón. En otras palabras, los rabinos afirman que de principio a fin las Escrituras encierran el "lev" o corazón de Dios. La mayor devoción y amor de ellos era por las Escrituras, la Palabra de Dios. La leían, la recitaban, la memorizaban, y en momentos difíciles era su consuelo... ¡igualito que nosotros! Seamos honestos, en nuestras iglesias mucha gente solo lee la Biblia en los cultos y por eso no conocen a Dios, y mucho menos conocen el corazón de Dios. Ir a conciertos, a vigilias, a cultos, a visitar profetas o hacer ayunos no te van a llevar a conocer Su corazón, solo las Escrituras que encierran su "lev"...
La letra "bet" simboliza casa; y los judíos creían que el corazón de Dios (las Escrituras) era su casa. Por tal razón, sin importar donde estuviesen, en destierro, en cautiverio, las Escrituras eran su refugio. Esto los hacía fuertes, consistentes ante las peores circunstancias.
Por otra parte, la letra "lámed" tiene una peculiaridad: es la más alta de todas las letras del alfabeto hebreo. En otras palabras, los judíos creían que cuando el corazón de Dios era tu casa, tu vida se elevaba al nivel que Dios había destinado. O sea, si quieres crecer, madurar y conocer el corazón de Dios, no hay otra receta, no hay nada que reemplace su Palabra.
Acércate a las Escrituras, deja que Jesús te muestre como vivir una vida de fruto y plena según Él. Allí encontrarás misterios del corazón de Dios como: haz a otros como quieres que te hagan a tí; no juzgues si no quieres ser juzgado; ama incluso a los que te hacen daño. De hecho, en el corazón de Dios encontrarás lo que Dios espera y desea más que nada de tí. Está en el segundo verso del Shemá: que lo ames con todo... alma, fuerza y corazón, ese es el mayor deseo del corazón de Dios: tu amor, libre y voluntario...
Bájate de la montaña rusa...
Escucha... escucha... escucha...

Sunday, November 10, 2013

Lo que nadie nos dijo sobre el pecado


En el año 2000 decidí irme a estudiar formalmente teología y literatura bíblica. Yo sabía que se criticaba duramente a la gente que decidía estudiar en la Universidad Teológica o el Seminario. Le llamaban el "Cementerio"; decían que salían de ahí ateos, sin fe; y que en esos lugares "mataban el Espíritu" (nunca he entendido que quiere decir lo último). De cualquier manera, si por locura o por rebeldía no lo sé, pero hace 13 años comencé en esta carrera sin saber lo que me esperaba. Hoy, como estudiante doctoral y profesor, entiendo porqué se comentan esas cosas. La teología puede llegar a ser fría y enajenada de la realidad; sobre todo cuando los teólogos y teólogas se "viven la película" de que esta se construye en las bibliotecas y en los salones de clases. No, la verdadera teología se construye con la gente, con los de abajo, en los barrios, en la calle, en la necesidad, en el dolor, en las lágrimas, en la muerte, en la pregunta de la gente común: ¿dónde está Dios? Sin embargo, no me arrepiento, créanme que en el proceso de desaprender y aprender he encontrado la libertad, esa a la cual se refería Jesús cuando dijo: "conocerán la verdad, y esta los hará libres". También he encontrado algunos problemas. Como el día en que, siendo parte del ministerio de adoración de la iglesia, le dije a la hermana Toña, la líder de adoración, que me negaba a cantar un coro. En aquellos años se cantaban canciones distintas a las de ahora, y había una en específico que me revolcaba la existencia: "El Rubio de Galilea está pasando por aquí"... Ese día de ensayo me envalentoné y le dije a Toña: ¿a qué rubio le estamos cantando? Se sabe que Jesús no fue rubio, de hecho los judíos en el primer siglo, todos se parecían, pues no se mezclaban con otras razas. Eran de piel bastante negra, pelo "grifo", nariz chata y pómulos sobresalientes. Nada que ver con el Jesús rubio de Hollywood. Gracias a Dios nunca se volvió a cantar aquel coro. Sin embargo, ¡cuántas cosas enseñamos en nuestras iglesias, a nuestros hijos e hijas, a nuestros hermanos y hermanas en la fe que nada tienen que ver con el mensaje bíblico!...
Me he percatado que muchos de los problemas están en la interpretación que surge de las traducciones de la Biblia. Hablaré de uno de los que me parece esencial comentar, aunque provoque reacciones no deseadas: el PECADO. Para sorpresa de algunos, este término no aparece en el idioma original de los textos bíblicos. Proviene del idioma latín: "peccatum" y literalmente significa delito. Pero, ¿es esta la idea que nos transmite la Biblia? ¿Se refiere a que cada vez que fallamos estamos cometiendo un delito? ¿Debemos sentir todo el peso de la culpa que el término pecado o delito implica cada vez que nuestra humanidad nos traiciona? Nada más lejos de la verdad. La palabra que se traduce por pecado en el original griego del Nuevo Testamento, en la mayoría de las ocasiones es "jamartía", y en el hebreo del Antiguo Testamento es "jattath". En ambos idiomas significa lo mismo: fallar o errar, no llegar a la meta. La imagen es cuando tiras una flecha y no llega al blanco, eso es jamartia o jattath. No sé que piensan, pero no me siento igual cuando me dicen: "fallaste al blanco", que cuando me dicen: "cometiste un pecado, un delito". ¿Porqué termina traduciéndose "jamartía" como pecado o delito? ¿Cuál es el empeño de la religión en crear un sentido de culpabilidad tan grande a la gente que nisiquiera se atrevan a acercarse a Dios, ni puedan experimentar, como dice la Biblia, estar en paz con Él? Todo responde a contextos históricos. Durante la Edad Media, la Iglesia Católica se alimentó de la culpa de los pueblos para enriquecer sus arcas. Las indulgencias eran un medio por el cual, dependiendo del dinero ofrecido, se le ofrecía perdón a las personas de sus culpas. En otras palabras, los pobres jamás serían perdonados, y mientras más culpa sintiera la gente, más se enriquecería la Iglesia. Luego se inventaron el concepto de pecado original, con el cual enseñaban que por el simple hecho de ser el resultado de una relación sexual, ya nacíamos con la culpa del pecado.
Hoy en día hemos comprendido los errores del pasado y debemos ser honestos y honestas, estamos llamados y llamadas a vivir vidas que procuren no fallar, pero en mi humanidad, todos los días fallo. Dios desea que sintamos paz con Él, por eso dice el apóstol: "Justificados por la fe, tenemos paz para con Dios". Tú y yo hemos sido declarados justos y justas, libres de culpa delante de Él por lo que hizo Jesús, esto es evangelio. No me malinterpreten, creo que quien falla deliberadamente, sin intención de cambiar o arrepentirse tiene su consecuencia ante el Juez, y solo ante Él; pero hay quienes aún intentándolo seguimos siendo imperfect@s...
Herman@, has fallado, no has cometido un delito. Has errado al blanco, no llegaste a la meta; pero levántate porque puedes ser restaurado o restaurada, liberado de la culpa que no te permite ser feliz. Es por eso que arrepentimiento en el original significa cambio de mente. De nada sirve tener la iglesia llena de gente que sienta remordimiento por sus delitos; mejor tener gente que cambie su mentalidad para poner todo su empeño en no fallar...
Sé que esta reflexión va a revolucionar muchos espíritus religiosos que todavía pretenden que la gente viva bajo sentimientos de culpa que no les permite fructificar; pero pregunto:¿es mejor ser fieles a nuestros postulados religiosos y doctrinales; o a lo que realmente enseña la Biblia, la cual afirmamos como Palabra de Dios?
Que puedas hoy cambiar tu mente para vivir una vida imperfecta, con la intención de no fallar; pero que cuando ocurra, no te hundas en la culpa que te aleja de Dios, sino que te acerques como quien vuelve a tomar su flecha para esta vez no volver a fallar al blanco...
Dios va a tí...

Sunday, November 3, 2013

El día en que Dios se hartó del altar

Recuerdo el día que conocí al padre de mi primera novia (o sea, mi primera relación seria). Ya ella me había advertido que el hombre no era fácil; pero ni tenía idea de lo que iba a enfrentar. Era un individuo de rostro frío e impacible; grueso y barba larga; sombrero de medio lado y mirada amenazante. Me dijo: "ven, para mostrarte algo". Me llevó a un cuarto de la casa donde habían algunas armas, y me dijo: "esto es lo que te espera si le haces algo a mi hija"... Por poco salgo corriendo, pero aguanté. En aquel cuarto vi también varios timbales, y me percaté que era algo que le apasionaba. Hacía como un mes que una amiga me había regalado unos marca LP, de manera que, aunque me encantaban, decidí regalárselos en ánimos de bajar la tensión; y, sucedió lo inesperado. Aquel hombre cambió por completo, ahora ¡me llamaba su hijo! En fin, la novia me dejó; pero él me decía: "eres mi hijo" y lloraba preguntándose porque ella me había dejado...¿Pueden imaginarlo? Finales inesperados...
El final de Jesús de Nazaret fue también uno inesperado para sus discípulos, muerte de cruz; pero más inesperado fue lo que sucedió justo después de su muerte. Marcos dice que al espirar, el velo del Templo se rasgó en dos de arriba a abajo. Esa movida divina no se la esperaba nadie, y es probable que hayamos pasado por alto su significado. Entonces ¿qué era este velo? Éxodo 26:31-33 explica que era una gran cortina que separaba el lugar santo del santísimo en el Tabernáculo y en el Templo. El lugar santísimo era donde se encontraba el lugar de sacrificio, o sea el altar. Allí solo podía entrar una persona, el sumo sacerdote, una vez al año, el día de Yom Kipur o expiación. En aquel lugar ofrecía dos corderos, uno lo degollaba y con su sangre rociaba el altar; y al otro le transfería por imposición de manos los pecados del pueblo y era llevado al desierto. Ese era el único día en que podía mencionar el nombre de Dios, en diez ocasiones. (Levítico 16) En otras palabras, Dios habitaba el lugar santísimo, el altar del Templo, y nadie podía acercarse, excepto un hombre, una vez al año, pero no cualquier hombre... Levítico 21 propone varias exigencias, por ejemplo, no podía tener defectos físicos, ni ser ciego, ni impedido, ni tener orejas o nariz deformes (lo cual descartaría a alguna gente que conozco), ni ser enanos, ni jorobados, ni tener defectos en los testículos, etc. Mi gente, el altar alejaba, separaba, escondía a Dios de la gente, lo convertía en un Dios exclusivo de un pequeño grupo cuasi-perfecto; convertía a Dios en propiedad de un grupo de religiosos que lo salvaguardaban detrás de la cortina; pero ¡Dios se hartó del altar!
Se hartó de que un grupo de gente con "guille" de super espirituales pretendieran ser sus dueños y "esconderlo" en un lugar santísimo. Se hartó de que utilizaran el altar para pretender que quienes podían pisarlo eran superiores o más santos que quienes no podían. Se hartó de que quisieran convertirlo en un Dios exclusivo de dos o tres. Se hartó de que la gente común, como tú y como yo, pensáramos que Él está lejos, inconsciente de nuestra realidad y nuestros problemas detrás de una cortina... Dios se hartó de toda esa hipocresía y pantalla de religiosidad, y quiso rasgar el velo, romper la cortina, o sea, ya no existe un lugar santísimo ni un altar donde haya que ofrecer sacrificios que "calmen" a un Dios que se olvidó de su creación. Jesús rasgó el velo, en otras palabras, Dios ha abierto las puertas para todos y todas, no excluye, incluye, abre los brazos para recibir a quienes quieran acercarse. Por eso ya no hay lugar santísimo ni altar. Es un Dios que se ha identificado, se ha solidarizado, se ha compenetrado y se ha hecho cómplice con tu existencia y la mia. Ahora es Emmanuel, Dios con nosotros. Ahora es Dios encarnado, o sea, que participa de nuestra realidad. Ahora el Templo somos tú y yo, así de cercano está... Esto le resta santidad al altar y le brinda santidad a nuestra propia vida, porque en nuestras existencias rodeadas de debilidad e imperfección podemos experimentar a Dios que está aquí y ahora, podemos participar de Dios.
Que hoy no tengas que buscar a Dios detrás de cortinas o altares que pretenden alejarlo... que abras tu espíritu y corazón para encontrarlo aquí y ahora en medio de tu existencia...
Que puedas comprender esto: Dios se hartó del altar porque quería que su Templo fueras tú...