Sunday, November 10, 2013

Lo que nadie nos dijo sobre el pecado


En el año 2000 decidí irme a estudiar formalmente teología y literatura bíblica. Yo sabía que se criticaba duramente a la gente que decidía estudiar en la Universidad Teológica o el Seminario. Le llamaban el "Cementerio"; decían que salían de ahí ateos, sin fe; y que en esos lugares "mataban el Espíritu" (nunca he entendido que quiere decir lo último). De cualquier manera, si por locura o por rebeldía no lo sé, pero hace 13 años comencé en esta carrera sin saber lo que me esperaba. Hoy, como estudiante doctoral y profesor, entiendo porqué se comentan esas cosas. La teología puede llegar a ser fría y enajenada de la realidad; sobre todo cuando los teólogos y teólogas se "viven la película" de que esta se construye en las bibliotecas y en los salones de clases. No, la verdadera teología se construye con la gente, con los de abajo, en los barrios, en la calle, en la necesidad, en el dolor, en las lágrimas, en la muerte, en la pregunta de la gente común: ¿dónde está Dios? Sin embargo, no me arrepiento, créanme que en el proceso de desaprender y aprender he encontrado la libertad, esa a la cual se refería Jesús cuando dijo: "conocerán la verdad, y esta los hará libres". También he encontrado algunos problemas. Como el día en que, siendo parte del ministerio de adoración de la iglesia, le dije a la hermana Toña, la líder de adoración, que me negaba a cantar un coro. En aquellos años se cantaban canciones distintas a las de ahora, y había una en específico que me revolcaba la existencia: "El Rubio de Galilea está pasando por aquí"... Ese día de ensayo me envalentoné y le dije a Toña: ¿a qué rubio le estamos cantando? Se sabe que Jesús no fue rubio, de hecho los judíos en el primer siglo, todos se parecían, pues no se mezclaban con otras razas. Eran de piel bastante negra, pelo "grifo", nariz chata y pómulos sobresalientes. Nada que ver con el Jesús rubio de Hollywood. Gracias a Dios nunca se volvió a cantar aquel coro. Sin embargo, ¡cuántas cosas enseñamos en nuestras iglesias, a nuestros hijos e hijas, a nuestros hermanos y hermanas en la fe que nada tienen que ver con el mensaje bíblico!...
Me he percatado que muchos de los problemas están en la interpretación que surge de las traducciones de la Biblia. Hablaré de uno de los que me parece esencial comentar, aunque provoque reacciones no deseadas: el PECADO. Para sorpresa de algunos, este término no aparece en el idioma original de los textos bíblicos. Proviene del idioma latín: "peccatum" y literalmente significa delito. Pero, ¿es esta la idea que nos transmite la Biblia? ¿Se refiere a que cada vez que fallamos estamos cometiendo un delito? ¿Debemos sentir todo el peso de la culpa que el término pecado o delito implica cada vez que nuestra humanidad nos traiciona? Nada más lejos de la verdad. La palabra que se traduce por pecado en el original griego del Nuevo Testamento, en la mayoría de las ocasiones es "jamartía", y en el hebreo del Antiguo Testamento es "jattath". En ambos idiomas significa lo mismo: fallar o errar, no llegar a la meta. La imagen es cuando tiras una flecha y no llega al blanco, eso es jamartia o jattath. No sé que piensan, pero no me siento igual cuando me dicen: "fallaste al blanco", que cuando me dicen: "cometiste un pecado, un delito". ¿Porqué termina traduciéndose "jamartía" como pecado o delito? ¿Cuál es el empeño de la religión en crear un sentido de culpabilidad tan grande a la gente que nisiquiera se atrevan a acercarse a Dios, ni puedan experimentar, como dice la Biblia, estar en paz con Él? Todo responde a contextos históricos. Durante la Edad Media, la Iglesia Católica se alimentó de la culpa de los pueblos para enriquecer sus arcas. Las indulgencias eran un medio por el cual, dependiendo del dinero ofrecido, se le ofrecía perdón a las personas de sus culpas. En otras palabras, los pobres jamás serían perdonados, y mientras más culpa sintiera la gente, más se enriquecería la Iglesia. Luego se inventaron el concepto de pecado original, con el cual enseñaban que por el simple hecho de ser el resultado de una relación sexual, ya nacíamos con la culpa del pecado.
Hoy en día hemos comprendido los errores del pasado y debemos ser honestos y honestas, estamos llamados y llamadas a vivir vidas que procuren no fallar, pero en mi humanidad, todos los días fallo. Dios desea que sintamos paz con Él, por eso dice el apóstol: "Justificados por la fe, tenemos paz para con Dios". Tú y yo hemos sido declarados justos y justas, libres de culpa delante de Él por lo que hizo Jesús, esto es evangelio. No me malinterpreten, creo que quien falla deliberadamente, sin intención de cambiar o arrepentirse tiene su consecuencia ante el Juez, y solo ante Él; pero hay quienes aún intentándolo seguimos siendo imperfect@s...
Herman@, has fallado, no has cometido un delito. Has errado al blanco, no llegaste a la meta; pero levántate porque puedes ser restaurado o restaurada, liberado de la culpa que no te permite ser feliz. Es por eso que arrepentimiento en el original significa cambio de mente. De nada sirve tener la iglesia llena de gente que sienta remordimiento por sus delitos; mejor tener gente que cambie su mentalidad para poner todo su empeño en no fallar...
Sé que esta reflexión va a revolucionar muchos espíritus religiosos que todavía pretenden que la gente viva bajo sentimientos de culpa que no les permite fructificar; pero pregunto:¿es mejor ser fieles a nuestros postulados religiosos y doctrinales; o a lo que realmente enseña la Biblia, la cual afirmamos como Palabra de Dios?
Que puedas hoy cambiar tu mente para vivir una vida imperfecta, con la intención de no fallar; pero que cuando ocurra, no te hundas en la culpa que te aleja de Dios, sino que te acerques como quien vuelve a tomar su flecha para esta vez no volver a fallar al blanco...
Dios va a tí...

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