Sunday, April 13, 2014

El "bautismo del Espíritu" ¡qué presión!!

¿Que cuánta gente que conozco ha sido presionada, marginada, señalada, coartada, menospreciada, subestimada, devaluada, degradada, desechada, asfixiada, estrangulada y castrada mental y emocionalmente porque no han sido "bautizadas en el Espíritu"? Más de los que quisiera haber conocido...
Se trata de esa experiencia que el pentecostalismo (y, "by the way" soy parte de un concilio pentecostal, aunque dos o tres que lean esto me quieran expulsar del "reino de los pentecostales") ha denominado como una posterior al recibimiento del Espíritu Santo en la vida de los seres humanos cuando experimentan la "conversión". Sin embargo, en raras ocasiones, podría ser una experiencia simultánea. Es decir, y me explico más claramente: si te convertiste, recibiste el Espíritu como garantía de salvación; pero, si no sientes los ríos de agua viva (expresión que por lo general ha significado que se  te "paren los pelos" o la "piel de gallina"); y, sobre todo, si no has hablado en lenguas, pues te falta el bautismo del Espíritu. Es decir, tienes el Espíritu, pero no el bautismo del Espíritu.
Como me considero más cristiano que pentecostal; y como le debo más lealtad a la Biblia que a una doctrina que surgió hace menos de 200 años, tengo que decir con mucho respeto y humildad (pues sé lo sensitivo del tema para mucha gente): que esa enseñanza está bien distante de lo que enseña las Escrituras.
Comencemos por lo primero: ¿de dónde sale esta idea? Pues fundamentalmente de la experiencia que se narra en el libro de los Hechos en el capítulo 2. El día que se celebraba una festividad judía, que originalemente era una fiesta agrícola, y eventualmente se convirtió en una conmemoración de la dádiva de la Ley por Yahweh a Moisés en el Sinaí, los discípulos de Jesús tienen una experiencia significativa. Para comprender esta experiencia sigamos la línea que nos presenta Lucas, quien es un gran redactor, en su relato. En el capítulo 1 Jesús, antes de ascender a los cielos, le dice a sus discípulos que recibirían poder para ser testigos en Jerusalén, Judea, Samaria y hasta el fin del mundo. Si conoces un poco de geografía de Palestina te das cuenta de que el texto afirma un alejamiento de Jerusalén hasta los confines de la Tierra. Ahora bien, luego de pasar Samaria y Galilea, si continuamos alejándonos, necesitaremos otros idiomas en tierras extranjeras a Israel para seguirnos comunicando, sea griego, latín, etc. Es decir, Lucas nos está diciendo que estos serían empoderados y empoderadas por Dios para ser testigos del mensaje de su Reino al mundo entero; pero para que eso suceda tiene que ocurrir algo milagroso como lo que ocurrió en Pentecostes. Necesitaban distintos idiomas para comunicarlo. Estos discípulos y discípulas eran en su mayoría incultos, probablemente hablaban arameo y quizás un poco de griego. ¿Estás comprendiendo la idea que nos quiere presentar el relato? Cincuenta días luego de la Pascua, de la crucifixión de Jesús, al igual que a Moisés le fue dada la Ley para Israel, a los discípulos y discípulas les es dada la promesa del Espíritu para comunicar el nuevo pacto de Dios, no solo con Israel sino con el mundo entero. Ese día el Espíritu llega como un viento recio (Hechos 2) y les da la capacidad de hablar lenguas, pero no cualquier lengua o idioma angelical, sino idiomas (dialektos en griego) que eran comprendidos por todos y todas las presentes de distintas nacionalidades. Estas lenguas o idiomas hacen accesible y relevante el Evangelio para todas las personas de todas las naciones, o sea, hace el Evangelio inclusivo.
Honestamente, ¿quién puede entender que este relato se refiere a que cada vez que alguien sea bautizado o bautizada en el Espíritu se tiene que demostrar por hablar en "lenguas"? ¿De qué lenguas estamos hablando ahora? ¿Idiomas  nuevos que pueden ser comprendidos por la gente que nos rodea? No, estamos hablando de unas lenguas incomprensibles, que algunos llaman angelicales, por lo tanto, lamento decirles que utilizar el texto de la experiencia de Pentecostés para justificar la doctrina de que se trata de un "bautismo en el Espíritu" que viene posterior a la conversión no es justificable...
Entonces llegábamos a los retiros y allí comenzaba el predicador a decir: ¿cuántos han sido bautizados en el Espíritu? Los que habían tenido esa experiencia de hablar en lenguas y sentir los "rios de agua viva" levantaban orgullosos y orgullosas sus manos. Acto seguido miraban alrededor, a todos los que no eran tan agraciados como ellos y ellas, y con un gran sentido de superioridad les decían: "tranquil@, síguelo buscando que Dios te lo va a dar..."    Entonces quedaban muchos esperanzados y esperanzadas de que algún día Dios les considerara dignos y dignas de tal experiencia. Que mal, hermanos y hermanas. Cuan lejos de Jesús y de lo que la Biblia enseña. Lo interesante es que la mayoría de la gente que ha expresado su desacuerdo en cuanto a esto, pertenece al grupo que buscaban la experiencia y nunca llegó, provocando grandes frustraciones. Sin embargo, yo era del otro grupo: de los que brincaba y hablaba en lenguas y miraba con compasión (por no decir pena) a quienes no habían sido "bautizad@s"...
Si fuíste del grupo de la mayoría que nunca fue "bautizada" o aún te sientes parte, permíteme liberarte hoy. Si hubo gente, que como yo, tuvimos tal experiencia (me refiero a una experiencia carismática que de ninguna manera llamaría bautismo en el Espíritu), y te fijaste en algo: no era gente mejor, ni más moral, ética o santa que tú. No reflejaban a Jesús más que tú; y en cuanto al fruto del Espíritu en sus vidas, ni hablar. De hecho, honestamente, no parecían ser mejores seguidores o seguidoras de Jesús que tú, es porque probablemente no lo eran. Porque nunca fueron superiores ni más espirituales que tú por su experiencia carismática. Porque nunca Dios les amó más que a tí, ni los escogió más de lo que te escogió a tí...
La respuesta está en I Corintios 12. El Nuevo Testamento menciona esto del bautismo en el Espíritu cuando Juan el Bautista dice que Jesús vendría a bautizar con el Espíritu, y nunca menciona lenguas o experiencias carismáticas; y en este texto paulino. En el verso 13 de este capítulo 12 dice de esta manera: Porque por un Espíritu somos TODOS (¿Quiénes? Todos ¿Quiénes? Todos...) bautizados en un cuerpo...
O sea que Pablo considera que todos los que pertenecen al Cuerpo de Cristo, o sea, la comunidad de fe, han sido bautizados en el Espíritu para ser parte  de dicho Cuerpo. Más adelante pregunta (verso 29): ¿Son todos apóstoles? (la respuesta obvia es no...) ¿son todos profetas? (la respuesta obvia es no...) ¿todos maestros? (la respuesta obvia, no... y así en adelante a todas las demás preguntas) ¿tienen todos dones de sanidad? ¿hablan todos lenguas?... (¿cómo fue la pregunta??) ¿hablan todos lenguas? La respuesta obvia es no; pero ya se había afirmado que aún así, todos y todas habían sido bautizados por el mismo Espíritu...
Mi hermano, mi hermana, sé libre de la sombra que te persigue de que eres menos porque nunca fuíste bautizado o bautizada en el Espíritu. Dios no se olvidó de tí, ni te ama menos. Simplemente no todos tienen las mismas experiancias, eso es todo. Tú eres parte de este Cuerpo. Tú eres bautizado (inmerso) en Su Espíritu. Si alguien quiere persistir en presionarte, marginarte o señalarte, bendícel@; y tú, vive en paz y en la felicidad de saber que el Dios que te creó; te llamó y te hizo parte de su Cuerpo, una parte tan importante, que sin tí está incompleto...

Saturday, April 5, 2014

¿Estás en la PERFECTA voluntad de Dios? ¿Y qué rayos es eso?

¡Cuántas veces nos aterrorizaron con esto de la voluntad de Dios!
No solamente porque esto de voluntad de Dios es algo complicado, sino porque el término de por sí es pesadito. Suena a dictadura, como la imagen de un Dios "hitleriano" que impone una voluntad absoluta y soberana sin importar quien o quienes se "vayan enreda'os" en el proceso. Si crees y afirmas un Dios cuya soberanía es tal que pasa por alto el amor y la compasión con tal de que su santa, perfecta e incuestionable voluntad sea hecha, respeto tu opinión; pero quizás sea bueno que desistas de leer este blog ahora. Un día un pastor con cierta línea teológica (el que sabe, sabe) me insinuó que si Dios en su soberana voluntad había determinado que un ser humano se perdiera, si moría a los cinco años, siendo un inocente niño, aún así ardería en el infierno... (si crees que esto no tiene sentido, te asombraría la mucha gente que piensa así). Si ese es tu Dios, no estamos en la misma onda, reconsidera seguir leyendo esto.
Voluntad de Dios, que ya de por sí tiene una carga religiosa brutal, se complica cuando le ponen otros apellidos. Es decir, la perfecta voluntad de Dios, la permisible voluntad de Dios... ¿Y con qué se come eso mi gente? Estos son términos teológicos, no bíblicos. Algunos y algunas han optado por afirmar que hay una voluntad de Dios que ocurre cuando se cumple con todos sus estándares y todo sale a pedir de boca, la "perfecta voluntad de Dios". ¿Estás viviendo en la perfecta voluntad de Dios? Gracias por la pregunta, pero mi vida sigue siendo imperfecta, aunque prosigo esa voluntad.
La otra, es como Dios conformándose. Pues si no puedes llenar los estándares de la perfecta voluntad, entonces caes en la categoría menos privilegiada de estar en la voluntad permisible de Dios. O sea, no es lo que Él exige, pero te permite estar así. No sé ustedes pero esto de vivir en la voluntad permisible de Dios es como decirles que caminen sobre una navaja, el más mínimo desliz te corta el pie entero...
¿En serio hay una voluntad perfecta de Dios y una permisible? Definitivamente quien lo afirma sabe más que los propios autores bíblicos que nunca afirmaron tal cosa. Mientras más leo la Biblia, más me doy cuenta de que Dios me llamó a una vida de paz; de que verdaderamente el "yugo" de Jesús es fácil y ligera su carga; y de que la verdad nos hace libres. Las Escrituras hablan acerca de la voluntad de Dios sí, claro que sí; pero está distante de lo que nos referimos con el término voluntad en español y todo su bagaje y connotación religiosa. Es decir, el término griego que se utiliza en el Nuevo Testamento y se traduce así es "zelema" que viene de "zelo". Sí, que suena como celo, esa palabra complicadita en español; pero no significa exactamente lo mismo. "Zelo" es deseo, pero no cualquier deseo, uno profundo y ardiente. Ahora permíteme liberarte: ¿Estás viviendo el deseo profundo de Dios para tu vida? ¿Verdad que se siente mejor, alcanzable y liberador?
Jesús nos enseńo a orar: Que se cumpla tu deseo como en el cielo en la tierra... ¡que lindo  suena eso!, el deseo de Dios... es como decir: lo que deseaste y soñaste para mi vida, que se haga realidad. Suena menos religioso, pero se acerca más a lo que el texto afirma.
Otro: No todo el que me dice Señor, Señor entrará al Reino... sino el que cumple el deseo de mi Padre. ¿Cuál deseo? Esto está en Mateo al final del Sermón del Monte (Caps. 5-7) por lo tanto, el deseo ardiente de Dios es que vivamos como enseñó en dicho sermón. ¿Alguna idea? Exacto. Amando al prójimo, no juzgando, perdonando todo, amando aún a nuestros enemigos, sin insultar, sin codiciar, confiando plenamente en la provisión de Dios, solo por mencionar algunas de las enseñanzas que ahí se encuentran, ese es el deseo ardiente, el sueño de Dios para nuestra vida.
Com dice I Tesalonicenses 4:18: Este es el sueño de Dios, su deseo ardiente, que den gracias a Dios en todo... gente agradecida. El Centro de la Felicidad Mundial en Europa afirma, tras mucha investigación, que lo más que produce felicidad en el ser humano es ser agradecidos... Dios, que nos creó lo sabía. Su sueño es que seamos agradecid@s y felices...
Creo que Jesús vino a este mundo a mostrarnos la voluntad, el deseo ardiente, el sueño de Dios. Dijo: Este es el deseo del Que me envió: Que todo aquel que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna... El sueño de Dios es que a través de Jesús tengamos vida eterna. Esto no es solamente vivir para siempre después de la muerte, es más que eso. Eterna en griego es "aionion". Es una cualidad que solo pertenece a la dimensión divina, por lo tanto si algo es "aionion" es de Dios. Es decir que no se trata simplemente de cantidad de vida, sino de calidad de vida. Jesús ofrece la vida de Dios... ¿Quieres la vida de Dios aquí y ahora? Dios sueña con eso, el lo desea ardientemente, ¿tú también? Pues el sueño de Dios y el tuyo se hizo uno mismo...

Thursday, March 13, 2014

¿Estos son profetas? ¿o síquicos? ¿o charlatanes?


Lo que les voy a contar raya en lo extremo, en lo ridículo; pero aún así ocurrió. Créanme que todavía hay mucha gente dentro de las iglesias que ocultan sus miedos a tomar decisiones, a moverse en la vida detrás de un: "estoy esperando dirección de Dios..."; o un: "estoy esperando a que Dios me hable...". Si... esos mismos y esas mismas que cuando viene a predicar el "siervo de Dios" o la "profeta de Dios" corren al altar en el llamado sabiendo, o sin saber que rayos se predicó; simplemente ¡para que me diga algo!
¿Que te digan algo? ¿En serio?
Pues esta pareja de novios cristianos, fieles a Dios; y que a nuestro parecer se amaban bastante, no querían seguir adelante con su noviazgo sin estar seguros de que Dios "confirmaba su relación"... lo que sea que eso quiera decir para alguna gente. O sea, se amaban, se comprendían, eran ayuda idónea el uno del otro, tenían intereses similares, caminaban el mismo camino, tenían todas las razones del mundo para seguir juntos. ¿Saben cuántas parejas he conocido, "confirmadas por Dios", que no tienen ni la mitad de eso? Entonces, en lugar de ver las señales y discernir a Dios en la vida, en lo cotidiano, decidieron, ya que ninguno había venido a hablarles, consultar con un profeta. Si, mis hermanos y hermanas, así como quienes practican el espiritismo, o quienes van a que les lean las cartas del Tarot, pero de una manera "cristiana"...
Pues salieron bien con el primer profeta quien les dijo que su relación era de Dios. Sin embargo, sus inseguridades les vencieron: había que buscar confirmación, de manera que fueron a un segundo profeta, en este caso, una profetisa. Alguien se equivocó porque esta les dijo que no, que no era de Dios. La pareja salió muy desmotivada y triste de aquel lugar, pero el novio pensó: "total, se empató la cosa, 1 a 1, busquemos una tercera". Pues la tercera fue afirmativa, la relación era de Dios. Para hacer el cuento largo corto, terminaron consultando a seis profetas y profetisas con resultados divididos, unos si, otros no. ¿Saben cómo terminó la historia? Se dejaron...
¿Cuántas historias más tenemos que escuchar?
¿Saben cuánta gente conozco que sus vidas fueron destruídas, su auto-estima lacerada, su relación con Dios afectada y sus sueños frustrados por una "profecía"?
No me malinterpreten, creo que aún existen profetas de Dios; y creo que todavía existe gente responsable a quienes Dios le ha dado un don, o sea, un regalo inmerecido para bendecir a nuestra gente. El problema es, como decía mi abuela, que no todo lo que brinca es conejo, y no todo lo que brilla es oro. Hay de todo en la viña del Señor.
La pregunta es: ¿qué es un(a) profeta?
En el contexto judío un profeta se conocía principalmente con el título "nebiim". Era literalmente un vidente. Si analizamos objetivamente el mensaje de los profetas de Israel; y una que otra profetisa que nos cuentan, aunque sé que debieron haber muchas más; se trata de seres humanos con una vocación divina. Esta vocación se traducía en llevar un mensaje de orientación, denuncia y reclamo de justicia social. No era extraño escuchar un profeta hablar de política internacional, o de asuntos que tenían que ver directamente con el futuro de Israel como nación. La voz profética se levantaba como un señalamiento contra la opresión, injusticia y todo lo que atentaba contra la vida espiritual y social del pueblo... Denuncia, justicia, que mucha falta hace este tipo de profetas y profetisas hoy...
En el contexto cristiano se les llama "profetés" que viene del término griego "profemi". El significado literal es hablar delante, o sea, el profeta era el proclamador. Piensen esto: en las iglesias del primer siglo no se tenía lo que hoy conocemos como Nuevo Testamento, solo la Biblia hebrea. Es por eso que Pablo dice a los corintios que el don más importante es el de la profecía. Porque el profeta proclamaba la Palabra de Dios y sin Escrituras cristianas esta función era demasiado importante. Literalmente mis herman@s, cuando alguien predica ante una congregación también se convierte en profeta de Dios, por lo cual nuestra responsabilidad es mucho mayor.
En I Corintios 14 el apóstol Pablo nos habla algunos aspectos muy importantes que debemos comprender sobre este don para comprender quiénes son profetas, quiénes son síquicos y quiénes son charlatanes. Por ejemplo, dice que el espíritu del profeta está sujeto al profeta. ¿Qué quiere decir esto? Que el profeta tiene control de su don. No es una experiencia extática de la cual no somos responsables. Si Dios te da un mensaje, debe darte también la sabiduría y entendimiento de cómo entregarlo, pues el profeta es totalmente responsable del mensaje que ofrece. En la antiguedad si el profeta resultaba ser un charlatán hasta podían apedrearlo (gracias a Dios ya no es así pues habría un montón achichonados...).
Un día al terminar de predicar llegó un "profeta" a la tarima de la iglesia a darme un mensaje. Su "profecía" no me dio paz, y al finalizar fui a su asiento y le dije con mucho respeto: "Hermano, no comprendí el mensaje ¿podría explicarme?" Se molestó mucho, me miró como si yo fuera un hijo del diablo y comenzó a darme todo su "pedigree" de profeta, a cuántas personas importantes había profetizado, y ¿quién era yo para cuestionar su mensaje? Le repetí que necesitaba que me explicara porque no había entendido nada; y como no estuvo dispuesto a darme explicación le dije: "Con mucho respeto mi hermano no recibo su mensaje como uno de parte de Dios". Así y ya... no, no, no mi hermano y mi hermana, la paz que Dios me ha dado le costó mucho a Jesús como para perderla por un profeta que no quiere hacerse responsable de su profecía...
Por último Pablo dice que la profecía es para edificar, consolar y exhortar. Entiéndelo bien: EDIFICAR, CONSOLAR y EXHORTAR. Vamos a definir brevemente estos términos. Edificar, en el idioma original se refiere a construir, levantar una casa. Esa profecía que te dieron ¿construye algo en tu vida? Si es así, recíbela. Si destruye, quita y reduce no es de Dios... NO ES DE DIOS... ten paz, tu paz costó mucho...
Consolar es "paraklesis" en griego. Se utilizaba para referirse al que motivaba al soldado en la batalla y le decía: sigue adelante, tú puedes, levántate, no te rindas... Esa profecía que te dieron ¿te consuela, te motiva, te levanta, te mueve a continuar luchando? Si es así, recíbela. Si no, ten paz, tu paz costó mucho...
Exhortar es "paramizian" literalmente se puede traducir como confortar junto a alguien. Esa profecía que te dieron ¿te hace sentir que Dios está junto a ti confortándote en medio de la vida? Si es así, recíbela. Si no, ten paz, tu paz costó mucho...
Si algún profeta o profetisa quiere salir de estos parámetros, los de edificar, consolar y exhortar; entonces para mi cae dentro de los otros parámetros, los de síquicos y charlatanes. Mis hermanos y hermanas la profecía es un don como el de enseñar, como el de administrar, como el de servir, y como cualquiera otro. Es decir, no debe nadie sentirse superior, más santo, más espiritual; ni debemos endiosar a la gente por sus dones. Un don (jarismata en griego) significa un regalo resultado del favor inmerecido, en otras palabras, es un regalo, no lo merecemos... no lo merecemos... no lo merecemos. En este reino nadie es más grande, pues tenemos lo que no merecemos.
Dios ha hablado en muchos tiempos y de muchas maneras (Hebreos 1:1), y hoy no es la excepción. Con el tiempo he aprendido que es mucho más reconfortante escuchar Su voz en la vida, en el caminar que cualquier otra manera. Ahora bien, ¿existen profetas hoy? Estoy seguro que sí, pero si conocemos Su voz, la que se escucha en la vida, entonces no seremos engañad@s...

Wednesday, February 26, 2014

El Diezmo ¿un fraude?

Escribo este blog con mucho respeto, sin ánimos de herir sensibilidades, y con mucha responsabilidad. Este tema provoca dudas, preguntas e inquietudes de gente que no pertenecen a una iglesia cristiana evangélica, pero, tanto o más en la gente dentro de las propias iglesias; y es comprensible, todo lo que tiene que ver con dinero nos ocupa. O sea, todo está bien hasta que meten la mano dentro de nuestro bolsillo.
¿No es cierto que en nuestra sociedad los pastores y pastoras, predicadores y predicadoras cristianos tienen fama de "buscones"? Y esto es así porque sin quererlo nos hemos buscado tal título. Que si envías tal "ofrenda" te envío la moneda ungida de la prosperidad, te envío el pañuelo ungido, o un potecito de arena del Mar de Galilea... o algún otro talismán de la suerte... Gente, eso no es cristianismo... Entonces se paran a levantar gigantescas ofrendas para el "reino de Dios", sin embargo, por alguna casualidad, muchos de ellos y ellas andan ahora con un Rolex de $20 mil en la muñeca, trajes Emporio Armani, Mercedes serie 7 y más "bling bling" que Daddy Yankee... Si adquirieron todo eso porque se lo ganaron trabajando como todos y todas, con el sudor de su frente, con sus proyectos, etc., pues perfecto; pero si fue con los fondos del ministerio; fondos que provienen del bolsillo de gente pelúa y pelá, que no tienen en que caerse muertos, sin embargo fueron convencidos de dar más allá de lo que podían para el ministerio; entonces es bochornoso...
Por estas razones, cada vez que un pastor o pastora predicando en su iglesia habla del tema del diezmo y ofrendas es criticado, nos lo hemos buscado. ¿Cuántas veces has escuchado, igual que yo: el diezmo es un fraude; las iglesias lo que hacen es sacarle el dinero a la gente; o, eso de la iglesia a la verdad que es tremendo negocio?
¿Es el diezmo un fraude? Yo sé que ya mucha gente tiene su propia respuesta, pero, ¿qué tal si lo analizamos objetivamente dejando a un lado nuestros prejuicios religiosos o anti-religiosos?
El diezmo es el 10% de lo que generas como ingreso. La costumbre judía era separar ese 10% de los primeros frutos de su cosecha como ofrenda a Dios en el Templo. En adición a esto, también pagaban tributos a la clase sacerdotal, a la élite nativa y extranjera, pagaban los animales para sacrificio, fuesen palomas o corderos en el caso de los más acomodados. Es decir, lo que comenzó con el diezmo, ya en tiempos de Jesús se había convertido en casi 80% de sus salarios en tributos. Esto no podía sostenerse. Es por eso que Jesús denunció que los pobres eran explotados en nombre de Dios y el Templo. Pero, volvamos al diezmo... Números 18 y Deuteronomio 12 son algunos de los textos de la Torá (los primeros cinco libros de la Biblia hebrea que contenían la Ley religiosa judía) que contienen el mandato que recibieron los israelitas de brindar el diezmo de sus ingresos o cosechas para el Templo. Debemos observar que esta no era una costumbre única de los hebreos, otras culturas y religiones también tenían la costumbre de diezmar. Es por eso que en Génesis 14, Abraham, que no vivía bajo la Ley de la Torá porque no existía aùn, le ofrece sus diezmos a un sacerdote pagano de la ciudad de Salem (futura Jerusalén) llamado Melquisedec. En el capítulo 28 también le ofrece también sus diezmos a Dios sin ser partícipe de la Ley porque esto no era algo ajeno a su cultura en su tiempo.
Está más que claro que el diezmo es parte esencial de la Ley judía; y ¿qué tal del llamado Nuevo Testamento, las Escrituras que dan testimonio de Jesús y las primeras generaciones de la iglesia cristiana? Quien haya leído,  bien sabe que dice del diezmo, como decía mi abuela: "lo que se le unta al queso...": nada.
En Lucas 11:42, Jesús le dice a los Fariseos (religiosos representantes del Templo): "Ustedes diezman, pero se olvidaron de la justicia y el amor de Dios, era necesario hacer esto sin dejar lo otro". En otras palabras, Jesús no pretendía que los Fariseos no cumplieran la Ley, sino que la acompañaran con obras dignas de gente que representa a Dios. Es el único texto del Nuevo Testamento que alguien podría decir que Jesús propone la práctica del diezmo, pero en este caso se dirige específicamente a los Fariseos.
Mis herman@s, es evidente entonces que el diezmo no fue una práctica de la iglesia cristiana durante el primer siglo. No hay un solo texto que afirme o mencione esta costumbre. Mucho menos se consideraba un mandamiento. Era parte de lo que practicaban los judíos en obediencia a la Ley dada por Dios a Israel; pero no fue parte de lo que heredó el cristianismo. Son muchos los textos bíblicos en los cuales sus autores, inspirados por Dios, establecieron que quienes vivimos bajo el Evangelio, bajo la gracia de Dios, bajo la obra de Jesús, ya no vivimos bajo la Ley. Pablo y Santiago dicen que quienes viven bajo la Ley viven bajo maldición... no lo digo yo, sino los autores bíblicos. La recomendación de Pablo es que no vivamos bajo esa maldición. Uno se pregunta: ¿porqué maldición? Pues para no desviarme, se los explicaré bien fácil. La Ley judía encerraba ¡613 mandamientos! Imagínense mis herman@s, ¿podría alguien cumplir con eso? Claro que no, por eso Jesús le dice a los religiosos: "ustedes le imponen una carga a la gente que ustedes mismos no pueden llevar". Era maldición porque intentar relacionarse con Dios bajo un sistema tan legalista se convertía en algo prácticamente imposible. Dios nos liberó de eso en Jesús (no sé tú, pero para mi son buenas noticias). Santiago dice más: Aquel que pretenda cumplir una parte de la Ley se hace esclavo de la Ley entera. Por tal razón es que considero que este tema es bien serio. Pretender que quienes vivimos bajo la gracia debemos cumplir con la Ley o parte de ella es imponer a nuestra gente un estilo de vida y un sentido de culpa que la Biblia llama maldición. Pararse en un altar a decirle a nuestr@s herman@s que el que no diezma está bajo maldición porque el profeta Malaquías lo dijo es una barbaridad. Revisemos brevemente lo que dijo Malaquías.
Esta profecía se escribe para el tiempo en que los judíos habían regresado del exilio en Babilonia y habían reconstruído el Templo y la ciudad de Jerusalén. Por el contenido del libro sabemos que el pueblo había descuidado todo lo relacionado al Templo que era en aquel contexto el centro de la vida religiosa de Israel. Todo su contenido gira en torno al tema de la restauración de una saludable vida de adoración y servicio a Dios a través de la experiencia cúltica. Entonces irrumpe la pregunta en el capítulo 3: ¿En qué robará el hombre a Dios? En los diezmos y los primeros frutos de la cosecha. Sin embargo, antes de preguntar: ¿En qué le hemos robado a Dios?; realiza otras preguntas. Algunas son:
¿En qué hemos menospreciado el nombre de Dios? (1:6)
La respuesta: En ofrecer pan inmundo en la mesa del Templo, y en ofrecer animal ciego, cojo y enfermo para el sacrificio.
¿En qué hemos cansado a Dios?
La respuesta: En haberse casado con mujeres extranjeras (2:11)
Estas otras preguntas se encuentran en el mismo texto, pero obviamente nadie piensa que aplique a nosotros pues no ofrecemos sacrificios de animales, y nos casamos con mujeres extranjeras. Entonces, ¿dos preguntas no nos aplican y una si? ¿Porque? ¿Por conveniencia? ¿No sería más honesto decir que todas aplican a gente que vivía bajo un sistema de Ley bajo el cual no vivimos hoy? Me parece que si leemos bien al profeta vamos a encontrar otras denuncias que no son nuestras favoritas, pero me parece que son muy relevantes para hoy: No tratar a todo el mundo por igual (2:9); menospreciar a su hermano (2:10); ser desleales (2:16); explotar a los trabajadores (3:5); abusar de viudas y huérfanos (3:5); tratar mal a los extranjeros (3:5).
Entonces, ¿es el diezmo un fraude? Me parece que la respuesta es un poco compleja. Decir a quien no pueda diezmar que está bajo maldición citando al profeta Malaquías u otro texto de la Ley judía es criminal. Por otra parte, vender sueños de que Dios está comprometido con devolverte el ciento por uno del dinero que le ofreces como si se tratara de una lotería espiritual es igual de criminal, es un engaño, y Dios nos pedirá cuenta por las mentiras que le vendimos a la gente en Su nombre...
¿Nuestro dinero puede honrar a Dios? Dios no necesita tu dinero ni el mio... ahora bien, Jesús dijo: "Donde esté tu tesoro, estará tu corazón" ¿Qué creen de eso? En una sociedad como la nuestra, el dinero mide nuestra fidelidad. Me parece que para mucha gente con capacidad económica, el diezmo es mezquino, pudiendo dar mucho más. Para otras personas, viviendo en condiciones económicas precarias, pedirles el diezmo es un crimen. Crearles sentido de culpa por no poder darlo, o acusarles de falta de fe, es una extorsión.
Por otra parte, sacando la cara por l@s pastor@s, es un abuso pretender tener una persona que predique tres veces a la semana, visite y atienda gente siete días a la semana, administre, enseñe, tome tazas de café malísimo que le ofrezcan l@s herman@s, y no reciba un salario digno, equivalente a la carga de trabajo y el tiempo invertido (el obrero es digno de su salario, y el salario debe ser digno del obrero también). Además, la iglesia cuesta operarla: luz, agua, teléfono, seguridad, construcciones, etc. ¿De dónde sale el dinero? No es del cielo, sino de gente comprometida. Hay tres problemas principales:
El primer problema está en no enseñar a la gente lo que realmente es iglesia. No es el templo. Es una comunidad, es un cuerpo, es una convocación de seres humanos que somos distintos, pero tenemos un mismo propósito; nos damos la mano; nos sentimos parte... Si no tienes un sentido de pertenencia con tu comunidad de fe, si no sientes que eres parte de esto, y esto es parte tuya, es tiempo de salir a otro lugar porque te aseguro que te va a pesar mucho dar.
El segundo problema es que no entendemos que al dar no estamos dando lo nuestro, sino que todo lo que tenemos nos ha sido dado, por lo tanto, no nos pertenece. Salimos de la tierra, del polvo, y al polvo volvemos; todo lo demás: hijos, pareja, dinero, propiedades, todo, todo nos fue dado: no es nuestro. Entonces este entendimiento de la vida y las posesiones nos hace ser desprendidos y apreciar que lo más importante y valioso en la vida, no lo obtiene el dinero.
Finalmente, si la gente viera que en adición a cubrir la operación de la iglesia, se utiliza el dinero para ayudar, construir, alimentar, me parece que habría mucha más gente dispuesta a dar mucho más. Si un día se utilizara el diezmo de una familia para hacerle una compra a otra familia en necesidad; si se utilizara para aportar a los problemas y necesidades de la comunidad que nos rodea, aunque no sean bautizados ni diezmen; si se utilizara para equilibrar un poco la desigualdad en el mundo; si la iglesia participara activamente en resolver el problema, en vez de ser parte de este; entonces, no habría que pedir mucho, la gente que ama a Dios y su Reino se desbordaría en dar porque ven el fruto....
¿Es el diezmo un fraude? ¿Qué diría Dios hoy?

Wednesday, February 5, 2014

Un Templo sin Dios: La historia de doña Débora

Doña Débora la viuda se fue a visitar el Templo. Hacía ya mucho tiempo que no lo hacía, como casi todos los vecinos de su aldea, por la razón que todos saben. Nadie debía llegar a la "Casa de Dios" con las manos vacías, los maestros de la Ley religiosa, los escribas, se habían encargado de enseñarlo muy bien. Casi toda la aldea había sido condenada por estos religiosos bajo maldición de Dios, ¿el delito? Obvio, robarle el diezmo... como bien dijo un día Malaquías el profeta...
La mayoría de los campesinos de esta aldea cercana a la capital Jerusalén, estaban bien empobrecidos. Lo poco que podían generar con sus cosechas se les iba en los tributos que había que pagar a la élite romana. Estos tributos eran recolectados por los cobradores llamados publicanos, algunos de ellos fueron vecinos de estos campesinos. Los rumores eran que estafaban a la gente cobrándoles a veces el doble o triple y quedándose con las ganancias deshonestas; pero ¿quién los confrontaba si tenían el favor de los gobernantes romanos? En adición de los tributos a los romanos, estaban los tributos a la élite judía, dueños de las tierras; y los tributos a la clase sacerdotal, en fin, más de la mitad de lo muy poco que generaban se iba en todo esto. Lo que sobraba no daba. Algunos niños de la aldea ya se habían enfermado por la mala nutrición; y desde hace varios meses, varios hombres se habían tenido que vender como esclavos, ellos y sus hijos. Esto por causa de los prestamistas. El día que no tenías para pagar, tomabas prestado de uno de ellos, y cuando no tenías para saldar tu deuda tenías que volverte esclavo. Eliab, Ezdra, Eliel ben Jonas y Samuel eran algunos de los que fueron vecinos pero ya no lo eran: se habían visto obligados a irse a otras tierras como esclavos junto con sus hijos dejando a sus esposas a merced del hambre y la pobreza extrema. Los demás vecinos miraban todo esto sin poder ayudar, porque ¿quién desviste un santo pa' vestir otro? Al menos un día llegaría el año del jubileo, cada 49 años se declaraba libertad para los esclavos y la liberación de las deudas. Todavía faltaban 20 años más...
Para visitar el Templo había que llevar sacrificio a Dios, en el caso de los pobres, una paloma. Allí en la aldea se vendían en lo que para nosotros sería dos o tres "pesos"; pero esas no eran "buenas" para el sacrificio del Templo; había que comprarlas allá. Por ser palomas "puras" para sacrificio costaban 10 a 15 veces más, por eso casi nadie de la aldea podía sacrificar a Dios, perdiendo la esperanza de poder ser perdonad@s por sus muchos pecados, según les habían enseñado los maestros de la Ley religiosa. Curiosamente, tod@s sabían que los dueños de los comercios del Templo donde vendían las palomas tan costosas, pertenecían a familiares de los sacerdotes... esa gente si que vivía bien, pero ese era el beneficio de ser gente "santa"...
Doña Débora alguna vez estuvo mejor; cuando vivía aún su esposo don Juan ben Simón. Al morir este, le dejó en herencia algún dinero ya que sus hijos habían muerto. Como la ley no le permitía administrar su dinero por ser mujer, la doña buscó alguien honesto, un representante de Dios que fuera su albacea. El maestro de la Ley administró su dinero que debió haberle durado al menos un par de años, sin embargo en cuatro meses ya no quedaba nada. La única explicación que recibió doña Débora fue que entre los tributos y los gastos administrativos se había gastado todo. ¿Quién iba a cuestionar al hombre de Dios? Todos sospechaban, pero nadie podía hablar... La viuda estaba perdida. Sin dinero, sin la posibilidad de trabajar, sin marido, sin hijos varones, probablemente bajo esta nueva realidad le quedaban algunas semanas de vida. Esta despojada mujer tomó lo último que le quedaba: dos blancas, lo cual equivale a menos de medio centavo hoy, y emprendió quizás, su último viaje al Templo. De camino pensaba: "si he de morir, al menos invertiré lo último que tengo en agradar a mi Dios". Ella sabía que no era de las "escogidas" por ser mujer y pobre, pero quien sabe si el Dios de Israel se recordaba de ella...
El camino era desértico, tan árido como la vida de los campesinos pobres de su aldea; y de repente comienza a ver a lo lejos el resplandor. Josefo lo llamó la "joya del desierto", el templo, la casa de Dios. Era impresionante: piedras de 9,000 libras pulidas parecían mármol; una altura que equivale a un edificio de 15 pisos; muros de  15 pies de ancho; cubierto en oro puro; era imponente en medio del desierto. Al llegar y hacer la fila para ofrendar, estaba llena de gente importante, gente rica que pertenecía a ese 3% de la población que poseía el 97% de las riquezas, la élite. Doña Débora se sentía tan insignificante al lado de sendas figuras.
Casualmente se rumoraba que el día anterior un joven rabí de Galilea había entrado al Templo y había volcado las mesas de los vendedores y cambistas allí. Se dice que este rabí había experimentado la pobreza, la marginación como todos ellos, venía de ese otro lado del mundo, y había levantado hacía tres años una voz profética de protesta contra el Imperio y contra el sistema religioso. Hablaba de un nuevo reino que Dios quería establecer donde la gente como ella serían protagonistas. Decía: "Felices l@s pobres porque el reino de los cielos les pertence". Proclamaba que el Templo se había convertido en cueva de ladrones, por lo tanto ahora debían encontrar a Dios en los niños, en las aves del cielo, en las flores del campo, en una mujer adúltera que pide una nueva oportunidad, en una mujer con flujo de sangre que lo había gastado todo, en la tumba de un hombre muerto hace tres días, en el paralítico en un estanque, en la semilla de mostaza, en una moneda perdida, en una oveja, en un padre que espera por su hijo, en el día a día, en lo cotidiano, en la vida dura, en la vida... Dios está...
Mucha gente lo recibió con alegría en Jerusalén, pero ese día, todos y todas guardaban silencio, se temía que pronto lo acusarían. También se sabía que dentro de sus discursos había mencionado a las viudas como doña Débora; se había atrevido acusar a los maestros de la Ley de extorsionarlas (Marcos 12:40).
Ya llegaba su turno. Las grandes cantidades de dinero sonaban en el arca de las ofrendas como un campanario que alegraba el oído de los sacerdotes. Entonces viene aquella mujer y echa sus insignificantes monedas que representaban todas sus posesiones, y pasaron desapercibidas por el mundo... por casi todo el mundo, excepto por el rabí galileo que se encontraba en el lugar. La ofrenda de esta mujer era para él mucho más que todas las riquezas que podían dar aquellos que daban de lo que les sobraba (Marcos 12: 43-44). Doña Débora nunca se enteró que su decisión de ir a ofrendar lo que le quedaba ese día sería una enseñanza que impactaría la vida de los discípulos del rabí Jesús, los que estaban ese día allí, y los que 2,000 años más tarde leemos su historia perpetuada por todas las generaciones en la Biblia...
Jesús seguía pensando en doña Débora... salen del Templo... los discípulos se admiran de la maravilla arquitectónica que es el Templo (Marcos 13:1), Jesús se admira de la maravilla que es la vida de gente como aquella viuda... Se detiene, mira las piedras, el oro... se maravilla de que no podamos ver la verdadera belleza, estamos ciegos... Jesús está indignado, tanta injusticia, tanta desigualdad, un templo sin Dios ¿qué es? No sirve, no compone nada... es tiempo... hay que decirlo: "¿Ven estos grandes edificios? Todo será destruído..." (Marcos 13:2)
Porque un templo desde el cual se margina, se explota, se extorsiona, se abusa, donde la estructura es más importante que la gente, donde se benefician unos pocos con los pocos recursos de los muchos, donde se patrocina la desigualdad e injusticia, donde las Déboras de la vida tienen que dar todo lo que tienen para ver si pueden llegar a agradar a Dios; no sirve, Dios no está, será destruido.
A doña Débora la volvimos a encontrar un día más tarde llorando con las viudas cuando Jesús iba camino al Calvario...

¿Nos parecemos más al Templo sin Dios o a Jesús?

Sunday, January 26, 2014

La Unción: Más que "Mortal Kombat" y aceite Mazola...


Hace algunos años estaba con un compañero de estudios que tenía unas ideas acerca de Dios muy distintas a las mías. Nos encontrábamos con un grupo de jóvenes en una casa. Agarré la guitarra y comenzamos a adorar a Dios espontáneamente. Aquel momento terminó siendo una reunión muy edificante. Al irnos, me dice: "Fíjate, tú tienes unción, la verdad es que no me lo hubiese imaginado...". Nunca supe cómo se supone que me sintiera por aquel comentario...
¡Qué unción tiene ese hermano! ¡Esa hermana tiene una unción profética! ¡Ese hermano canta con unción poderosa! Estas son algunas de las frases que escucho y sinceramente no comprendo. Un día, hace algún tiempo, prendí el televisor y estaba cantando Samuel Hernández en un programa secular que se llamaba: "No te duermas". Cantaba su éxito: "Levanto mis manos". Tengo que confesar que me impresionó mucho ver al público, en un programa que mayormente consistía de mujeres en bikini y doble sentido, levantando sus manos a Dios y cantar aquella canción. Lo curioso es que muchos de los términos que utilizaba eran "jerga evangélica", o sea, por ejemplo:  que si siento el fuego; que si levanto mis manos; que si una unción que me hace cantar... ¿Sentir una unción que me hace cantar? ¿Alguien allí entendía lo que eso quiere decir? Ver aquella escena me emocionó mucho, pero también me hizo pensar: ¿Será que nos sucede igual? ¿Cantamos y repetimos cosas sin tener idea de lo que quiere decir? Repetimos lo de la unción, pero en nuestras mentes se trata quizás de alguna energía o poder místico que nos pueden transferir y que transferimos. Uno de los famosos tele-evangelistas de los años 90 en E.U., Benny Hinn, escribió un libro llamado: "La Unción". Recuerdo haberlo leído ya que tod@s queríamos tener el poder que tenía aquel hombre que tumbaba a la gente con un toque, con la chaqueta o soplándolos. En ese libro, Hinn describe la unción como una energía que es transferible. Literalemente enseña que se siente como una corriente en las manos la cual puede ser "disparada" para que otr@s la reciban. ¡Wow! Esa era la unción de "Mortal Kombat" y el personaje que disparaba fuego de sus manos para destruir al enemigo.
Es bien interesante que el Nuevo Testamento entero solo menciona unas pocas veces la unción. En I Juan 2 y en Santiago 5:14 (aunque ya mismo volveremos a este último). En las demás ocasiones habla de la unción de los pies de Jesús y unciones para curar heridas. En otras palabras, la mayoría de los textos bíblicos que se utilizan para hablar de unción provienen de la biblia hebrea. No tengo aquí el espacio, pero si realizamos un análisis serio de lo que significa unción en el Antiguo Testamento, nos damos cuenta de que la unción con aceite tiene tres funciones principales: santificar o separar los utensilios del Tabernáculo o Templo, consagrar a alguien como sacerdote y consagrar a alguien como rey de Israel. En los tres casos se trata de separar algo o alguien para la función que Dios ha escogido. Eso es santificar en la biblia hebrea, separar. De manera que el aceite era solamente un símbolo que se utilizaba para representar una verdad más grande: que Dios había separado a alguien para un llamado específico, o que Dios había separado algo para su servicio. Es por esto que los autores del Nuevo Testamento interpretaron el aceite también como algo simbólico que representa algo mayor, en el caso específico de I Juan 2, es representativo del Espíritu Santo. El Espíritu hace lo mismo con los seres humanos, los separa para Sí. En este caso, todos y todas quienes nos encontramos en este camino tenemos la unción; es algo dado por Dios, por Su Espíritu. No se trata de quién tiene más o menos unción, como dijo Jesús: "Dios no da su Espíritu por medida". En adición a comprender esto, debemos afirmar que la unción es una experiencia de vida. I Juan 2:20 dice: Ustedes tienen la unción del Santo. El verbo "tienen" está en tiempo presente en el idioma original en que se escribe, griego. Este tiempo se refiere a una acción continua, por lo cual debemos interpretar el pasaje como que la unción que tenemos es continua y permanente, una experiencia de vida. No se da en ocasiones, no se transfiere, no es una energía, no es un poder especial, ni tampoco un beneficio exclusivo de unos pocos; es una vida que se vive, día a día, paso a paso; se experimenta en lo cotidiano y en todo lo que el Espíritu provoca en nuestras existencias. De hecho, lo que debe provocar la unción en nuestra vida es aprendizaje, como dice el autor en 2:27: "la unción les enseña todas las cosas"... Que lejos estamos de lo que la Biblia describe como unción. Poder con ignorancia no es unción; energía, corriente y fuego con desconocimiento no es unción, porque la unción enseña...
Finalmente, el aceite no sana enfermos ni hace milagros. Santiago 5:14 dice: "Si hay un enfermo en la congregación, llame a los líderes, oren por él ungiéndolo con aceite en el nombre del Señor". Sin embargo esta es otra mala interpretación y les explico porqué. En griego hay dos términos para unción: "aleipso" y "jrio". "Aleipso" es la unción médica, es decir, se utilizaba el aceite para sanar heridas como un medio de medicina natural en la antiguedad. Esto nada tiene que ver con algo religioso. La unción religiosa, la que hemos estado describiendo aquí es "jrio". De ahí viene el término Cristo (jristos) que significa el ungido o separado, el Mesías en hebreo. Si el aceite tuviese
algo que ver como un medio para recibir un milagro de sanidad, el texto de Santiago diría que hagan "jrio" a los enfermos, pero no dice eso. El término que utiliza es "aleipso". En otras palabras es una invitación a que los líderes de la congregación oren por el enfermo y también le administren el tratamiento, la terapia que tengan a la mano para aliviar la enfermedad. Habiendo hecho esto, la oración lo sanará... Una vez más, nada que ver con la famosa unción que se practica en nuestras iglesias; pero un llamado a que no solamente oremos por la gente, sino que le brindemos la terapia que podamos brindarle. ¿Cuáles son las terapias (aleipso) que podemos hoy ofrecer a nuestros herman@s en necesidad y enfermedad? Que la unción nos enseñe, nos diriga, nos muestre...
Que hoy la unción no se reduzca a aceite "Mazola" o "baby oil" sino que sea una experiencia de vida, una vida de aprendizaje en Dios...
Que podamos comprender que la unción no se transfiere, ni se dispara como en "Mortal Kombat", es el Espíritu de Dios que nos libera... de la ignorancia...

Saturday, January 25, 2014

La Unción: Más que "Mortal Kombat" y aceite "Mazola".

Hace algunos años estaba con un compañero de estudios que tenía unas ideas acerca de Dios muy distintas a las mías. Nos encontrábamos con un grupo de jóvenes en una casa. Agarré la guitarra y comenzamos a adorar a Dios espontáneamente. Aquel momento terminó siendo una reunión muy edificante. Al irnos, me dice: "Fíjate, tú tienes unción, la verdad es que no me lo hubiese imaginado...". Nunca supe cómo se supone que me sintiera por aquel comentario...
¡Qué unción tiene ese hermano! ¡Esa hermana tiene una unción profética! ¡Ese hermano canta con unción poderosa! Estas son algunas de las frases que escucho y sinceramente no comprendo. Un día, hace algún tiempo, prendí el televisor y estaba cantando Samuel Hernández en un programa secular que se llamaba: "No te duermas". Cantaba su éxito: "Levanto mis manos". Tengo que confesar que me impresionó mucho ver al público, en un programa que mayormente consistía de mujeres en bikini y doble sentido, levantando sus manos a Dios y cantar aquella canción. Lo curioso es que muchos de los términos que utilizaba eran "jerga evangélica", o sea, por ejemplo:  que si siento el fuego; que si levanto mis manos; que si una unción que me hace cantar... ¿Sentir una unción que me hace cantar? ¿Alguien allí entendía lo que eso quiere decir? Ver aquella escena me emocionó mucho, pero también me hizo pensar: ¿Será que nos sucede igual? ¿Cantamos y repetimos cosas sin tener idea de lo que quiere decir? Repetimos lo de la unción, pero en nuestras mentes se trata quizás de alguna energía o poder místico que nos pueden transferir y que transferimos. Uno de los famosos tele-evangelistas de los años 90 en E.U., Benny Hinn, escribió un libro llamado: "La Unción". Recuerdo haberlo leído ya que tod@s queríamos tener el poder que tenía aquel hombre que tumbaba a la gente con un toque, con la chaqueta o soplándolos. En ese libro, Hinn describe la unción como una energía que es transferible. Literalemente enseña que se siente como una corriente en las manos la cual puede ser "disparada" para que otr@s la reciban. ¡Wow! Esa era la unción de "Mortal Kombat" y el personaje que disparaba fuego de sus manos para destruir al enemigo.
Es bien interesante que el Nuevo Testamento entero solo menciona unas pocas veces la unción. En I Juan 2 y en Santiago 5:14 (aunque ya mismo volveremos a este último). En las demás ocasiones habla de la unción de los pies de Jesús y unciones para curar heridas. En otras palabras, la mayoría de los textos bíblicos que se utilizan para hablar de unción provienen de la biblia hebrea. No tengo aquí el espacio, pero si realizamos un análisis serio de lo que significa unción en el Antiguo Testamento, nos damos cuenta de que la unción con aceite tiene tres funciones principales: santificar o separar los utensilios del Tabernáculo o Templo, consagrar a alguien como sacerdote y consagrar a alguien como rey de Israel. En los tres casos se trata de separar algo o alguien para la función que Dios ha escogido. Eso es santificar en la biblia hebrea, separar. De manera que el aceite era solamente un símbolo que se utilizaba para representar una verdad más grande: que Dios había separado a alguien para un llamado específico, o que Dios había separado algo para su servicio. Es por esto que los autores del Nuevo Testamento interpretaron el aceite también como algo simbólico que representa algo mayor, en el caso específico de I Juan 2, es representativo del Espíritu Santo. El Espíritu hace lo mismo con los seres humanos, los separa para Sí. En este caso, todos y todas quienes nos encontramos en este camino tenemos la unción; es algo dado por Dios, por Su Espíritu. No se trata de quién tiene más o menos unción, como dijo Jesús: "Dios no da su Espíritu por medida". En adición a comprender esto, debemos afirmar que la unción es una experiencia de vida. I Juan 2:20 dice: Ustedes tienen la unción del Santo. El verbo "tienen" está en tiempo presente en el idioma original en que se escribe, griego. Este tiempo se refiere a una acción continua, por lo cual debemos interpretar el pasaje como que la unción que tenemos es continua y permanente, una experiencia de vida. No se da en ocasiones, no se transfiere, no es una energía, no es un poder especial, ni tampoco un beneficio exclusivo de unos pocos; es una vida que se vive, día a día, paso a paso; se experimenta en lo cotidiano y en todo lo que el Espíritu provoca en nuestras existencias. De hecho, lo que debe provocar la unción en nuestra vida es aprendizaje, como dice el autor en 2:27: "la unción les enseña todas las cosas"... Que lejos estamos de lo que la Biblia describe como unción. Poder con ignorancia no es unción; energía, corriente y fuego con desconocimiento no es unción, porque la unción enseña...
Finalmente, el aceite no sana enfermos ni hace milagros. Santiago 5:14 dice: "Si hay un enfermo en la congregación, llame a los líderes, oren por él ungiéndolo con aceite en el nombre del Señor". Sin embargo esta es otra mala interpretación y les explico porqué. En griego hay dos términos para unción: "aleipso" y "jrio". "Aleipso" es la unción médica, es decir, se utilizaba el aceite para sanar heridas como un medio de medicina natural en la antiguedad. Esto nada tiene que ver con algo religioso. La unción religiosa, la que hemos estado describiendo aquí es "jrio". De ahí viene el término Cristo (jristos) que significa el ungido o separado, el Mesías en hebreo. Si el aceite tuviese algo que ver como un medio para recibir un milagro de sanidad, el texto de Santiago diría que hagan "jrio" a los enfermos, pero no dice eso. El término que utiliza es "aleipso". En otras palabras es una invitación a que los líderes de la congregación oren por el enfermo y también le administren el tratamiento, la terapia que tengan a la mano para aliviar la enfermedad. Habiendo hecho esto, la oración lo sanará... Una vez más, nada que ver con la famosa unción que se practica en nuestras iglesias; pero un llamado a que no solamente oremos por la gente, sino que le brindemos la terapia que podamos brindarle. ¿Cuáles son las terapias (aleipso) que podemos hoy ofrecer a nuestros herman@s en necesidad y enfermedad? Que la unción nos enseñe, nos diriga, nos muestre...
Que hoy la unción no se reduzca a aceite "Mazola" o "baby oil" sino que sea una experiencia de vida, una vida de aprendizaje en Dios...
Que podamos comprender que la unción no se transfiere, ni se dispara como en "Mortal Kombat", es el Espíritu de Dios que nos libera... de la ignorancia...