Se trata de esa experiencia que el pentecostalismo (y, "by the way" soy parte de un concilio pentecostal, aunque dos o tres que lean esto me quieran expulsar del "reino de los pentecostales") ha denominado como una posterior al recibimiento del Espíritu Santo en la vida de los seres humanos cuando experimentan la "conversión". Sin embargo, en raras ocasiones, podría ser una experiencia simultánea. Es decir, y me explico más claramente: si te convertiste, recibiste el Espíritu como garantía de salvación; pero, si no sientes los ríos de agua viva (expresión que por lo general ha significado que se te "paren los pelos" o la "piel de gallina"); y, sobre todo, si no has hablado en lenguas, pues te falta el bautismo del Espíritu. Es decir, tienes el Espíritu, pero no el bautismo del Espíritu.
Como me considero más cristiano que pentecostal; y como le debo más lealtad a la Biblia que a una doctrina que surgió hace menos de 200 años, tengo que decir con mucho respeto y humildad (pues sé lo sensitivo del tema para mucha gente): que esa enseñanza está bien distante de lo que enseña las Escrituras.
Comencemos por lo primero: ¿de dónde sale esta idea? Pues fundamentalmente de la experiencia que se narra en el libro de los Hechos en el capítulo 2. El día que se celebraba una festividad judía, que originalemente era una fiesta agrícola, y eventualmente se convirtió en una conmemoración de la dádiva de la Ley por Yahweh a Moisés en el Sinaí, los discípulos de Jesús tienen una experiencia significativa. Para comprender esta experiencia sigamos la línea que nos presenta Lucas, quien es un gran redactor, en su relato. En el capítulo 1 Jesús, antes de ascender a los cielos, le dice a sus discípulos que recibirían poder para ser testigos en Jerusalén, Judea, Samaria y hasta el fin del mundo. Si conoces un poco de geografía de Palestina te das cuenta de que el texto afirma un alejamiento de Jerusalén hasta los confines de la Tierra. Ahora bien, luego de pasar Samaria y Galilea, si continuamos alejándonos, necesitaremos otros idiomas en tierras extranjeras a Israel para seguirnos comunicando, sea griego, latín, etc. Es decir, Lucas nos está diciendo que estos serían empoderados y empoderadas por Dios para ser testigos del mensaje de su Reino al mundo entero; pero para que eso suceda tiene que ocurrir algo milagroso como lo que ocurrió en Pentecostes. Necesitaban distintos idiomas para comunicarlo. Estos discípulos y discípulas eran en su mayoría incultos, probablemente hablaban arameo y quizás un poco de griego. ¿Estás comprendiendo la idea que nos quiere presentar el relato? Cincuenta días luego de la Pascua, de la crucifixión de Jesús, al igual que a Moisés le fue dada la Ley para Israel, a los discípulos y discípulas les es dada la promesa del Espíritu para comunicar el nuevo pacto de Dios, no solo con Israel sino con el mundo entero. Ese día el Espíritu llega como un viento recio (Hechos 2) y les da la capacidad de hablar lenguas, pero no cualquier lengua o idioma angelical, sino idiomas (dialektos en griego) que eran comprendidos por todos y todas las presentes de distintas nacionalidades. Estas lenguas o idiomas hacen accesible y relevante el Evangelio para todas las personas de todas las naciones, o sea, hace el Evangelio inclusivo.
Honestamente, ¿quién puede entender que este relato se refiere a que cada vez que alguien sea bautizado o bautizada en el Espíritu se tiene que demostrar por hablar en "lenguas"? ¿De qué lenguas estamos hablando ahora? ¿Idiomas nuevos que pueden ser comprendidos por la gente que nos rodea? No, estamos hablando de unas lenguas incomprensibles, que algunos llaman angelicales, por lo tanto, lamento decirles que utilizar el texto de la experiencia de Pentecostés para justificar la doctrina de que se trata de un "bautismo en el Espíritu" que viene posterior a la conversión no es justificable...
Entonces llegábamos a los retiros y allí comenzaba el predicador a decir: ¿cuántos han sido bautizados en el Espíritu? Los que habían tenido esa experiencia de hablar en lenguas y sentir los "rios de agua viva" levantaban orgullosos y orgullosas sus manos. Acto seguido miraban alrededor, a todos los que no eran tan agraciados como ellos y ellas, y con un gran sentido de superioridad les decían: "tranquil@, síguelo buscando que Dios te lo va a dar..." Entonces quedaban muchos esperanzados y esperanzadas de que algún día Dios les considerara dignos y dignas de tal experiencia. Que mal, hermanos y hermanas. Cuan lejos de Jesús y de lo que la Biblia enseña. Lo interesante es que la mayoría de la gente que ha expresado su desacuerdo en cuanto a esto, pertenece al grupo que buscaban la experiencia y nunca llegó, provocando grandes frustraciones. Sin embargo, yo era del otro grupo: de los que brincaba y hablaba en lenguas y miraba con compasión (por no decir pena) a quienes no habían sido "bautizad@s"...
Si fuíste del grupo de la mayoría que nunca fue "bautizada" o aún te sientes parte, permíteme liberarte hoy. Si hubo gente, que como yo, tuvimos tal experiencia (me refiero a una experiencia carismática que de ninguna manera llamaría bautismo en el Espíritu), y te fijaste en algo: no era gente mejor, ni más moral, ética o santa que tú. No reflejaban a Jesús más que tú; y en cuanto al fruto del Espíritu en sus vidas, ni hablar. De hecho, honestamente, no parecían ser mejores seguidores o seguidoras de Jesús que tú, es porque probablemente no lo eran. Porque nunca fueron superiores ni más espirituales que tú por su experiencia carismática. Porque nunca Dios les amó más que a tí, ni los escogió más de lo que te escogió a tí...
La respuesta está en I Corintios 12. El Nuevo Testamento menciona esto del bautismo en el Espíritu cuando Juan el Bautista dice que Jesús vendría a bautizar con el Espíritu, y nunca menciona lenguas o experiencias carismáticas; y en este texto paulino. En el verso 13 de este capítulo 12 dice de esta manera: Porque por un Espíritu somos TODOS (¿Quiénes? Todos ¿Quiénes? Todos...) bautizados en un cuerpo...
O sea que Pablo considera que todos los que pertenecen al Cuerpo de Cristo, o sea, la comunidad de fe, han sido bautizados en el Espíritu para ser parte de dicho Cuerpo. Más adelante pregunta (verso 29): ¿Son todos apóstoles? (la respuesta obvia es no...) ¿son todos profetas? (la respuesta obvia es no...) ¿todos maestros? (la respuesta obvia, no... y así en adelante a todas las demás preguntas) ¿tienen todos dones de sanidad? ¿hablan todos lenguas?... (¿cómo fue la pregunta??) ¿hablan todos lenguas? La respuesta obvia es no; pero ya se había afirmado que aún así, todos y todas habían sido bautizados por el mismo Espíritu...
Mi hermano, mi hermana, sé libre de la sombra que te persigue de que eres menos porque nunca fuíste bautizado o bautizada en el Espíritu. Dios no se olvidó de tí, ni te ama menos. Simplemente no todos tienen las mismas experiancias, eso es todo. Tú eres parte de este Cuerpo. Tú eres bautizado (inmerso) en Su Espíritu. Si alguien quiere persistir en presionarte, marginarte o señalarte, bendícel@; y tú, vive en paz y en la felicidad de saber que el Dios que te creó; te llamó y te hizo parte de su Cuerpo, una parte tan importante, que sin tí está incompleto...






